domingo, 9 de diciembre de 2007

Rojo

Cuando era niña caminaba siempre con los puños cerrados para evitar que las yemas de mis dedos se hincharan de sangre.

En mi pequeña habitación secreta construimos un enorme mosaico rojo. Sus miles y diminutas piezas de vidrio tenían luz propia e iluminaban la habitación entera, nos iluminaban a los dos. La forma de nuestro mosaico era indefinido. Una vez terminado nos parecía ver distintas formas en él, una forma por minuto. Nuestras mentes no paraban de divagar entre manos que volaban con vida propia o gotas de un elixir que parecíamos beber.

La habitación era tan pequeña y el mosaico tan grande que la ocupaba casi toda. Estábamos muy orgullos y admirados con la belleza de nuestra obra que decidimos colocarla en el centro, colgando del techo, como flotando. Dentro de la habitación, poco espacio nos quedaba para caminar, lo cual no nos incomodaba, era la excusa perfecta para abrazarnos a lo largo de los días. Pensamos que era buena idea quedarnos ahí admirando nuestra creación durante ocho meses, casi sin salir. Una vez te fuiste por una semana, dijiste que tus ojos se habían vuelto agua y no podías ver nada. Te fuiste pero luego volviste para seguir contemplando nuestra gran pieza de arte. El rojo nos tenía hipnotizados. Por las noches a oscuras, cualquier tenue luz que se colara por la ventana de la habitación hacía resaltar su brillo.

Una tarde salí a comprar un repuesto para una fuga en mi cabeza. Cuando volví sólo alcancé ver tu perfil doblando por la puerta. Al entrar a la habitación vi mil, dos mil, tres mil piezas de rojo vidrio esparcidos, incrustadas en las paredes, esparcidos como pica pica al final de una fiesta donde más de un niño se quedo sin sorpresa. Tú ya te habías ido. Hasta hoy me veo en una foto echada boca abajo sobre el piso lleno de las diminutas piezas rojas hincándome, rojas que fueron parte de nuestra creación. Me dispuse a barrer con mucha paciencia y al detalle para asegurarme que no quedara ni un solo vidrio que pueda lastimarme más tarde.

Ahora empapelo de verde las paredes de la habitación.

martes, 4 de diciembre de 2007

Morr


Movimiento orgánico

Forma flexible

Mi meta morfosis

Proporción virtual

Simetría a mi medida

del Diario


Más allá de máscaras, hologramas, virtualidades
Estamos nosotros
Siempre
Transmitamos lo mejor
Nuestro corazón, antena de amor
Nuestros ojos, satélite irradiador
Transmisores de luz

Ding Dong


Toco el timbre de la conciencia humana
entes colectivos flotando por la ciudad
biodegradando nuestro entorno.


Un poco de nuestra propia dosis nos muestra la crisis actual de nuestra situación. No se necesita un superheroe para salvar al planeta sino de nuestros cuidados constantes y responsabilidad medioambiental. No sólo se trata de nuestro entorno, éste también les pertenece a otros seres vivos habitantes de la Tierra, los mismos que ya sufren graves consecuencias. No es una utopía pensar que si Tu haces algo al respecto el planeta podría cambiar.

Palabras claves: reciclar, ahorro (de agua y electricidad), alimentos orgánicos, menos basura, limpiar, verde.