Pido un taxi a la iglesia de Santa Rosa de Lima y me deja en una sala de espera a la entrada de una habitación llena de imágenes y estatuillas de íconos religiosos y ritos, vírgenes, dioses.
Yo, busco a mi persona. Me hundo en estampitas. Un canto desde la otra calle tiñe el mes de morado. Morado, octubre, el mes, último.
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